Ser “de” alguien

Texto de Maira González Baudouin, consultora de comunicación en Cuadrante

Nací en una casa donde nunca faltó nada. Siempre hubo más de lo necesario. Pensé que funcionaba así en todas las familias. Mi mamá se quedó en casa a cuidar de mi hermana y de mí. Nunca reparé mucho en eso. Me asumía como una niña más que hacía “cosas de niña”. Iba a clases de ballet y de piano, jugaba a las Barbies, saltaba la cuerda y prefería los patines a la bici. No me sentía diferente por ser niña.

Tal vez la primera vez que “hice corto” fue cuando vi que mi madre firmaba con un “de” entre su apellido paterno y el de mi padre. ¿Cómo que “de”? Yo era una niñita y estaba a años luz de vislumbrar lo que es el feminismo o de tener en mis manos una primera lectura alusiva. Pero no podía entender que alguien fuera “de” alguien. “Entonces… ¿mi papá cuando firma se pone que es de ti?”  fue mi pregunta obvia. No obtuve respuesta y durante muchos años “enchinché” a mi mamá por ese “de”. Juré que yo nunca escribiría que era “de” alguien.

8 de marzo

Luego, vino la adolescencia. Y ahí si todo cambió. Las chicas deben ser más bonitas que inteligentes o buenas en los deportes (aunque ese nunca fue mi caso). Las chicas “decentes” no deben expresarse así, ni deben de ir a todas las fiestas y “debes hacerte la difícil”. Empecé a cuestionar las reglas de mi casa e insistente decía yo “si yo fuera un chico me dejarías ir”, “Si yo fuera niño, eso no te preocuparía” “si yo no fuera mujer, no me estarías diciendo eso”. Nunca obtuve respuesta.  Así que… el que calla otorga.

El segundo sexo

Por ahí de la secundaria y como conté en alguna otra entrada, cayó en mis manos por primera vez El Segundo Sexo… ¡qué difícil lectura! “materialismo histórico” …. No tenía idea que era eso. Me acerqué a mi maestra de Historia y su respuesta -aún no la supero “¿sabes qué? Estás muy chiquita para andar leyendo eso”. Aclaro que la maestra era muy joven, pienso que no tendría mucho de haber egresado de la carrera.

Simone de Beauvoir

Así que yo era muy chiquita para leer a Simone de Beauvoir, para ir a fiestas y usar minifaldas. Pero…rebelde desde chiquita… me las arreglé para hacer todas esas cosas y más. A escondidas por supuesto, porque una muchachita con minifalda “está pidiendo a gritos que le falten al respeto”. Si, también me lo dijeron: tal cual.

También me advirtieron que hiciera lo que hiciera; ese día iba a llegar. Le pasó a mi mamá en el parque y a mi abuelita antes en la calle: en cualquier momento un hombre me daría una nalgada, un tocamiento, un “algo”… era inevitable, era parte de crecer y ser mujer.

Un día en el súper me pasó. Iba con mis papás y llevaba uniforme. Tendría unos 13 o 14 años… me levantaron la falda y me murmuraron cosas al oído. Me quedé helada. ¿Lo peor? ¡Me sentí culpable! Claro, por llevar la falda arremangada, la profecía se hizo realidad y yo me lo busqué.

Creo que de ahí en adelante comencé a entender que no era lo mismo ser mujer que ser hombre. En la calle, en las fiestas, en la universidad, en el transporte público, en el antro. Había códigos permitidos para ellos que no aplicaban para nosotras. Y viceversa.

Por esos tiempos también y como estudiante e interesada de todo fenómeno social seguí con detenimiento el levantamiento en Chiapas y los feminicidios (al menos los primeros de los que había noticias) en Chihuahua. Comencé a cobrar conciencia de mi privilegio.

Femenicidios Chihuahua

Aunque los maestros en la carrera me morbosearan a mi nadie me vendió de niña. Aunque a mi me dijeran cosas como ¿Para que estudias tanto si te vas a acabar casando? A mi nadie me violó, me descuartizó y me dejó en cualquier lado.  Aunque en el metro me han tocado guarradas, aunque me llegaron a dejar fuera de reuniones de trabajo por ser mujer, aunque fui acosada en varios empleos; estoy viva, trabajando, estudiando. Me casé y me divorcié por mi voluntad. Y todos los días me esfuerzo por educar a Chinos, en el feminismo.

Tuvieron que pasar más de dos décadas, un sinfín de experiencias, lecturas, cuestionamientos y grupos de estudio para entender lo que es ser feminista. Escuchar a otras mujeres, de otros orígenes, de otras comunidades, de otras edades. Cobrar conciencia e intentar actuar en consecuencia, lo cual no es siempre fácil.

Por eso soy feminista. Por eso me sumo a todas las conmemoraciones y reivindicaciones de los derechos de las mujeres. Por que Chinos abre grandes como platos sus ojos negros cuando le digo que hay niñas que no van a la escuela solo porque son niñas, que antes no había doctoras, que antes te decían con quien casarte.  Antes veía incredulidad en su mirada, ahora veo un atisbo de terror. Por eso pintó sus cartulinas moradas para el #8M “que todas las niñas crezcan libres” “io soi feminista, io soi libre” (sic).

Hace muy poco leí que a ningún movimiento se le exige tanta coherencia como al feminismo. Bardas para que no vandalicen. #asíno. “Ellas no me representan”. “Esas no son formas” (parece un continuum de “las chicas decentes no hablan/se visten/se comportan así”.

La historia nos cuenta

La historia distingue varias olas de feminismo y diferentes grupos que concentraron sus esfuerzos en distintas demandas. Más allá de hacer un listado sociológico o una revisión histórica, vale la pena decir que el movimiento por los derechos de las mujeres comenzó como casi todos: de base, las involucradas, las “instruídas” “enseñaban” a otras de boca en boca: la vecina, la amiga, la cuñada. Con el riesgo claro de que alguna se escandalizara y echara abajo todo el esfuerzo.

Siguieron los panfletos, las primeras reuniones o mítines, muchas veces secretas. Cartas en clave para no ser descubiertas y sí: manifestaciones de rebeldía. Con el devenir de los años algunas mujeres lograron publicaciones y hasta periódicos enteros que buscaban hacer difusión del movimiento. La mayoría de esos esfuerzos eran apagados en breve. Las mismas sufragistas fueron perseguidas y condenadas. ¿qué una mujer votara? ¡Qué idea más descabellada!

Feminismo

Nunca como ahora y gracias a las redes sociales, la promoción del movimiento, la reivindicación de la causa, la visibilización de las demandas ha cobrado un lugar en la agenda pública. Las tecnologías digitales han acercado la formación feminista si bien no remplaza la necesidad de que ésta sea incorporada a la enseñanza formal.

Hace un año justamente, a unas semanas de que iniciara el confinamiento y gracias a las redes sociales se logró la marcha más nutrida en temas de género en la historia del país. Para muchas mujeres fue su primera manifestación pública y al grito de #NiunaMás los ríos de color morado inundaron las calles del Centro Histórico.

Una pequeña organización feminista en Veracruz hizo viral el #Undíasinnosotras– como forma de denuncia- propusieron que las mujeres “desaparecieran” un día entero: de las escuelas, de las universidades, de los centros de trabajo, del cuidado del hogar.

Ese es el poder de convocatoria y de viralización que tienen los nuevos canales sociales. Hoy como no lo pudieron hacer las mujeres que integraron el feminismo ilustrado, las sufragistas, las feministas de la tercera ola o las radicales, la temática de género tiene una posibilidad de difusión y expansión nunca vista.

 Y aun en confinamiento la lucha persiste, baste echar una mirada a redes. Las organizaciones convocaron a manifestarse de forma digital y análoga. Ambas convocatorias tuvieron una amplia respuesta y las demandas por el pleno ejercicio de los derechos de las mujeres ha llegado para quedarse, saber utilizar las redes para continuar posicionando el tema en la agenda pública es una tarea que habrá que seguir impulsando. Nunca más un México sin nosotras.

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