Los días que llegamos a la Luna

Texto de Ana Laura Romero Pérez de León, redactora creativa en Cuadrante Estrategia y Comunicación SC

Es cierto que otros 12 astronautas llegaron a la Luna después de que Neil Armstrong y Buzz Aldrin grabaron sus nombres en la memoria de la humanidad, y  que Georges Méliès se inspiró en De la Tierra a la Luna (1865) de Julio Verne y en Los primeros hombres en la Luna (1901) de H. G. Wells para crear su filme más famoso. Sin embargo, lograr algo por primera vez y ser parte de una experiencia compartida, y más aún de un logro compartido, nos llena inevitablemente de una satisfacción infinita. De ahí que las emociones que provoca observar las imágenes de los astronautas de la Misión Apolo 11 (1969) alunizando y del equipo festejando en la Tierra puedan compararse con las que provoca ver el cohete cuando se clava en un ojo de la Luna en el filme Viaje a la Luna (1902) de Georges Méliès.

el equipo que llegó a la luna

El equipo de trabajo detrás de los filmes de Méliès

Cuando Méliès era un mago exitoso se encontró con el cinematógrafo de los hermanos Lumiere. Sin imaginar que algún día se convertiría en un pionero de los efectos especiales, el mago inauguró un estudio cinematográfico con paredes y techo de cristal, en el que actrices, actores, extras y técnicos iban de un lado a otro, tal como retrata la película La invención de Hugo Cabret de Martin Scorsese. La magia que logró con los fotogramas, chisperos, humo y los cortes de toma que hacían desaparecer a los selenitas sólo fue posible gracias a la planeación del director, quien estableció procesos claros ya sea para la creación de los guiones, ya sea para filmar las escenas o para editar los fotogramas. El equipo de trabajo detrás de todos los filmes de Méliès y en especial de Viaje a la Luna logró llevar al público de todas partes del mundo a un viaje hacia lugares extraordinarios por medio de las imágenes. 

El equipo de la Misión Apolo 11

En la misión de la NASA en 1969 sólo tres astronautas viajaron al espacio exterior, pero detrás de ese logro estuvo un equipo de 400,000 científicos, ingenieros y técnicos. Algunos de ellos en el centro de control al momento del alunizaje, cuyas fotografías permanecen en el archivo de la NASA. En esas imágenes se puede observar al equipo con la mirada clavada en los monitores y controles, como si cada uno estuviera consciente de que es un componente fundamental del equipo en el que, como en un organismo vivo, todas las partes son indispensables, se comunican y reaccionan de manera coordinada ante cualquier cambio. Así, esas 400,003 personas tenían asignadas tareas específicas que debían realizar con exactitud, pues un pequeño descuido podía tirar abajo toda la misión sobre la que estaban puestos los ojos de más de 600 millones de personas, quienes ansiaban llegar con ellos a la Luna. 

La comunicación nos hace parte del equipo

Tanto el filme como las imágenes de la NASA nos llevan a un viaje en el espacio y el tiempo, a tratar de imaginar las impresiones de esos primeros espectadores que se maravillaron con las ilusiones de Méliès y el paisaje lunar. Aunque lo vivimos a destiempo, esas imágenes nos hacen partícipes de los logros. Es decir, los días que llegamos a la luna son justamente estos que nos brindó el equipo del cineasta a principios del siglo XX y 67 años después la Misión Apolo 11. Aunque son dos formas distintas de llegar a la Luna, su impacto en la cultura y la tecnología sigue siendo una pieza fundamental de mucho de lo que conocemos en la actualidad, y sobre todo son una muestra indiscutible de la complejidad que implica formar un equipo y darle vida.

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