De grande quiero ser libre

Texto de Maira González Baudouin, consultora de comunicación en Cuadrante Estrategia y Comunicación.

Fue la mañana de un 25 de diciembre. Parece villancico, pero no lo es.  No diré el año porque no lo sé con exactitud y porque… la edad es solo un número. Dicen.

Bajo el árbol de Navidad encontré Barbie Cristal. No. Por supuesto que no era mi primera Barbie. Ya tenía un número considerable… o al menos así lo recuerdo. Pero Barbie Cristal era perfecta: tenía un vestido tornasol que desafiaba cualquier teoría de color que haya existido entonces y que exista ahora. Unos zapatos de cristal -al menos así lo interpreté yo- que ni Cenicienta y lo mejor… tenía… ¡una estola! Tornasol como el vestido, larga y suntuosa. Barbie Cristal destilaba elegancia y glamour -palabra que por supuesto a esa esa edad yo desconocía… pero… de alguna forma la intuía-. Hace muy poco platicaba con una amiga de la infancia y salió al tema ¿nuestra Barbie favorita? Al unísono ambas dijimos: Barbie Cristal… Preciosa. Y esa estola…inolvidable.

barbie cristal

No. Barbie Cristal no tenía profesión. Solo era hermosa. Aunque yo por esos tiempos acudía religiosamente a clases de piano todos los viernes… supongo que por eso en mi imaginación Barbie Cristal era pianista o cantante.

Como comenté no fue ni mi primera ni mi última muñeca Barbie. Con todas jugué y con todas gocé montones. Y también recuerdo a mi papá haciendo circo, maroma y teatro para armarme la casa de Barbie… la de entonces pues. Creo que hasta tres pisos tenía. No fue mi único juguete por supuesto, pero sí de mis favoritos o muy probablemente mi favorito: todas “mis” Barbies.

Los años pasaron, las muñecas Barbie dejaron de ser centro de mi atención. La música, los brillitos en los labios, subirme la falda del uniforme y leer poesía fueron mis nuevos pasatiempos.

Poco tiempo después de eso comencé a desarrollar trastornos alimenticios. No se habla en pasado de eso… se vive con ello. Más de la mitad de mi vida he estado en continua batalla al respecto… y alguna vez… alguien comentó que seguramente sufría esa enfermedad porque había jugado demasiado con Barbie.

Aunque escuché múltiples teorías… que si mi contexto familiar, que, si es algo genético, si es síntoma y no enfermedad… reconozco que se me quedo grabada la hipótesis de Barbie. Y me entró una especie de enojo. Ya sé que suena irrisorio: yo estaba enojada con una muñeca.

barbie película

Aunque… aterrizando las ideas, Barbie no es sólo una muñeca, es un producto de la industria cultural. Es un paradigma. Y, por tanto, se le pueden endilgar millones de adjetivos. Tanto positivos como negativos.

Basta googlear “ensayos + Barbie” y se pueden encontrar análisis sustentados en los más grandes teóricos de la comunicación y los fenómenos culturales, McLuhan, Adorno, Katz… en la mayoría de los cuales, Barbie no sale bien librada.

Justo por esos años a los que hago referencia, leí por primera vez a Simone de Beauvoir, aunque tardaría tal vez una década (o más) en empezar a comprender lo que es el feminismo, para realmente definirme como feminista aún muchos años después.

En algún momento juzgué a la muñeca Barbie como lo más antifeminista: pareciera que te dicta qué y cómo ser mujer. Me prometí a mi misma que si un día yo tenía una hija… evitaría a toda costa la muñeca más famosa del mundo. Yo quería que mi hija creciera libre de estereotipos.

Ya siendo adulta me regalaron una Barbie-Blancanieves misma que ocupa un puesto esencial en mi cuarto hoy en día.

Pero la vida… no es como nos la cuentan o como nos la contamos o la proyectamos…  claro que tuve una hija… una pequeñita de piel canela y pelo chino que desde que comenzó a expresarse quería dormir con falda encima del pijama, que le fascinan los vestidos de princesa y, claro, ¡Barbie!  Pero también le gusta la plastilina y el lodo y sus clases favoritas son las matemáticas y computación. Tal vez…sólo tal vez los dogmas y estereotipos viven en uno.

barbie estereotipos

Ahora Barbie tiene ediciones de todos los tonos de piel y formas de cuerpo. Le intento explicar a mi hija eso y me hace unos ojos de incredulidad… es curioso… pero no lo ve. Para ella, todas las Barbies son hermosas y sobre todo cool.  Todas son divertidas y capaces de hacer lo que quieran: pintar, ser maestras de kínder, bailarinas como Elisa Carrillo o trabajar quitándoles piojos a los niños.

Es curioso que Chinos, una niña de 6 años, me haga cuestionar mis propias creencias y/o dogmas. Pero nada más útil y necesario. Esa pequeña llena de chinos me ha hecho hacer las paces con la purpurina, con el color rosa, con los unicornios y claro… también con Barbie. Y al hacerlo me he reconciliado con varias partes de mí misma.

Porque ese es el lema de Barbie “sé lo que quieras ser”. Y en una interpretación amplia: sé lo que quieres ser no solo en tu oficio o profesión, no solo en el color de tu pelo o tu talla. En tus gustos, en tu personalidad, en tus elecciones. Porque puedes vestirte de princesa y ser la mejor en mate.

Tu puedes ser lo que quieras ser

Ya lo dice la brillante escritora y feminista nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie: “He decidido no disculparme más por mi feminidad. Yo quiero ser respetada en toda mi feminidad.  Porque lo merezco. Me gusta la política y la historia y soy feliz cuando soy parte de una buena discusión de ideas. Soy femenina. Soy felizmente femenina. Me gustan los tacones altos y probarme labiales”[1].

En muchas ocasiones, uno cae víctima de sus propios dogmas y estereotipos, tanto los condenas que acabas convirtiéndote en uno. Y toca cuestionarlos. Ahora como madre es mi obligación hacerlo.

Los trastornos alimenticios se deben atender en tiempo y forma con seriedad y con profesionales de la salud. Hay mucho aún por descubrir al respecto. Hasta ahora se sabe que su origen es multifactorial. No hay explicaciones fáciles y no, no es por jugar con Barbies.

Esta última Navidad yo le regalé a Chinos una Barbie Color Reveal y me emocioné junto con ella durante todo el proceso. Realmente es magia. Y cuando lo vives y juegas con tu hija… la magia se duplica.

Y a mí… alguien que había prestado atención a mis palabras me regaló Barbie Día de muertos… y sí… grité de la emoción… (me encanta el Día de Muertos y sí: soy fan de Barbie, lo grito a los cuatro vientos).  Sentí la misma emoción como cuando encontré a Barbie Cristal bajo del árbol otra Navidad. Hace algún tiempo ya. 

[1] Chimamanda Ngzozi Adichie. We should all be feminists.

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