¿Por qué es importante que tus colaboradores vivan y transmitan los valores de tu marca?

Texto de Maira González Baudouin, consultora de comunicación en Cuadrante Estrategia y Comunicación.

Mantener una comunicación periódica al interior de una organización genera vínculos no solo entre sus integrantes, sino también construye el sentimiento de pertenencia de cada uno sus colaboradores hacia la misma organización, construyendo así una identidad social.

¿Qué es la identidad social?

Si bien la identidad personal se basa en los atributos únicos que nos hacen ser los individuos que somos: desde el aspecto físico, las cualidades intelectuales  hasta rasgos específicos de nuestro carácter; la identidad social  es el conocimiento que cada uno de nosotros tenemos de pertenecer a determinados grupos sociales con una serie de implicaciones, por ejemplo integrar en su cotidianidad aquellos elementos que dicho grupo u organización comparte: valores, cultura y criterios.

Al tener identidades sociales, nos sentimos parte de ciertos conjuntos sociales claramente acotados. Todas las personas se identifican por ejemplo con una familia, pero también con la empresa o el equipo de trabajo al que pertenecen- y aceptan las consecuencias de esta identificación.

Liderazgo

Así, las personas eligen actividades o actitudes que son considerados valiosos por la organización a la que no solamente pertenecen sino con la que se identifican: sea el trabajo arduo, la cooperación, el liderazgo -entre muchos otros-.  Este tipo de identificación está intrínsecamente relacionada con la lealtad hacia el grupo, el orgullo de pertenecer a éste y el involucrarse en sus actividades.

Como si todo lo anterior fuera poco, la identificación social con determinada organización puede dar lugar a que el sistema de creencias y valores que dicha organización enarbola sean internalizados por sus integrantes

La comunicación interna, esencial para la identidad organizacional

Para que los integrantes de una organización internalicen los valores de ésta, es necesario que puedan identificarse con éstos y con sus beneficios. Por ello, de manera previa, los directivos deberán definirlos con claridad y posteriormente difundirlos y cultivarlos, sin dejar de lado que estos valores se encuentren alineados con la misión de la organización, como ya se ha mencionado en entradas anteriores.

Es decir, este proceso consta de dos partes que construyen un flujo continuo: los líderes de la organización han de definir y promover los valores organizacionales, mientras que el resto de los colaboradores habrán de conocerlos y practicarlos (y mejor aún: interiorizarlos).

Pero… ¡Cuidado! El principal reto en este proceso no es la teoría, sino la práctica. ¿Por qué?: no basta con enlistar una serie de valores al interior de la empresa o emitir un memorándum interno para que todos los integrantes estén al tanto. Todos quienes conforman esa marca y principalmente los líderes deberán actuar en coherencia con estos valores. Se dice fácil pero no lo es: aquello que hacemos o dejamos de hacer dice mucho más que nuestras palabras.

Además de definirlos en términos de conductas o actitudes específicas, las organizaciones deben ocuparse de mostrar los beneficios prácticos que produce adoptar esos valores y no asumir que es algo obvio.

Por ejemplo, si una empresa de la industria de vinos y licores tiene como uno de sus principios rectores el uso responsable de bebidas alcohólicas, no será suficiente mencionarlo o bien promover de manera convencional un listado de las bondades de adoptar dicho valor: será necesaria la creatividad y generar materiales “fuera de la caja” que ejemplifiquen de forma explícita por qué este valor es benéfico para todos – tanto los colaboradores de la empresa como sus audiencias externas-.

La metodología más eficiente para difundir valores e ir más allá: hacerlos parte de la identidad organizacional (y en determinado momento, hasta personal) es enfatizar las buenas prácticas y destacar las conductas que mejor reflejan esos valores especificados con antelación.

Lo que queda claro es que, los valores son un componente esencial en nuestra cotidianidad personal y social. En el segundo aspecto, los valores de una empresa solo podrán ser interiorizados por sus integrantes a partir de una acertada estrategia de comunicación interna.

La comunicación al interior de una empresa hará posible que la cultura organizacional de ésta tome forma y sea una realidad. Sin comunicación, la interiorización de la visión, misión y valores organizacionales no es más que una lista de buenas ideas y nobles propósitos.

La comunicación interna habrá de difundir, explicar y hasta viralizar los valores de una empresa de forma que sus trabajadores puedan realmente comprenderlos y vivirlos.

Los trabajadores de una empresa: sus primeros aliados

Los colaboradores pueden ser los mejores embajadores de marca: tienen acceso a los canales y a diferentes audiencias para expandir su mensaje de forma cercana y familiar. Si la gestión de la comunicación interna es eficiente, los mensajes clave de la organización como lo son sus valores permearán toda su estructura. Si dicha comunicación interna logra de verdad “enganchar” a los trabajadores de la empresa, entendiéndola como una audiencia primaria, a partir de una estrategia bien desarrollada con tácticas y materiales disruptivos que llamen su atención y alienten su internalización, ellos serán los primeros y principales voceros de la organización y su cultura.

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